Vida de Charlotte Bronte
Vida de Charlotte Bronte Ya me he instalado, por supuesto. El trabajo no me agobia demasiado; y las clases de inglés me dejan tiempo para perfeccionar el alemán. Debería considerarme afortunada y agradecer mi suerte. Espero hacerlo. Y si pudiera animarme siempre y no sentirme nunca sola ni desear compañía o amistad o como lo llamen, me iría muy bien. Como ya os dije, monsieur y madame Heger son las dos únicas personas de la casa por quienes siento verdadera consideración y estima, y, lógicamente, no puedo estar con ellos siempre, ni siquiera muy a menudo. Cuando llegué me dijeron que considerara su sala de estar como propia y que fuera allí cuando no estuviera ocupada en el aula. Pero eso es algo que no puedo hacer. Durante el día es una sala pública, ya que los profesores y profesoras de música entran y salen continuamente; y por la noche no quiero ni debo molestar a monsieur y madame Heger y a sus hijos. Así que estoy bastante sola fuera del horario escolar; pero eso carece de importancia. Ahora doy clase de inglés regularmente al señor Heger y a su cuñado. Avanzan con rapidez prodigiosa; sobre todo el primero. Ya ha empezado a hablar inglés bastante bien. Si vierais y oyerais los esfuerzos que hago para enseñarles a pronunciar como ingleses y sus infructuosos intentos de imitar os moriríais de risa.