Fuego y Sangre
Fuego y Sangre Cuando Rhaenys llegó montada en Meraxes, el aire mismo parecÃa temblar. Se plantó sobre las murallas de Lanza del Sol, su dragón rugiendo como un presagio de destrucción.
—Venimos en nombre del Trono de Hierro —dijo Rhaenys, su voz resonando como una sentencia—. Dorne será parte del reino de Aegon, o las arenas serán su tumba.
Meria Martell, la anciana princesa, se adelantó. Su espalda encorvada y su rostro surcado por arrugas no ocultaban la fuerza que aún habitaba en su interior. —Que las arenas sean nuestra tumba, entonces —respondió con frialdad—. Pero os aseguro, princesa, que Dorne será vuestra pesadilla.
Asà comenzó la guerra más difÃcil que los Targaryen enfrentaron. Dorne no buscaba la confrontación directa. Sus guerreros atacaban desde las sombras, emboscaban a los soldados de Aegon en los desfiladeros, y desaparecÃan antes de que los dragones pudieran responder. Los castillos quedaban vacÃos antes de que las llamas pudieran consumirlos, y los pocos dornenses capturados preferÃan la muerte al sometimiento.