Fuego y Sangre
Fuego y Sangre Rhaenys volvió a Lanza del Sol en busca de una rendición que nunca llegó. En su última incursión, Meraxes cayó, derribado por una lanza que atravesó su ojo. El impacto resonó en todo Poniente, y cuando la noticia llegó a Rocadragón, Aegon apartó la mirada del mensaje durante un largo momento antes de hablar.
—La guerra no es el único camino —dijo finalmente, su voz baja pero cargada de significado—. Pero no olvidaremos.
Dorne, aunque intacto, quedó aislado, resistiendo como una espina clavada en el lado del reino unificado. Sin embargo, el Trono de Hierro no solo enfrentaba amenazas externas. Dentro del reino, las lealtades eran frágiles y el resentimiento crecía.
En el Dominio, algunos señores cuestionaban la legitimidad de los Gardener al haber sido sustituidos por los Tyrell, una casa que se había rendido sin luchar. En el Norte, murmuraban que Torrhen Stark había vendido su honor para preservar su linaje. Y en las Tierras de los Ríos, los Tully enfrentaban revueltas de antiguos vasallos leales a Harren el Negro.
—Un reino no se sostiene solo con dragones —advirtió Visenya en el consejo privado, su mirada fija en Aegon—. Los hombres necesitan sentir que tienen algo que perder.