El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »Consideremos a nuestros hijos. ¿No están siguiendo el mismo camino de sus padres? ¿También ellos con sus familias, y sus hijos con las suyas, tendrán que vivir entre los acaparadores de oro y se tendrán que contentar con beber la consabida leche de cabra y alimentarse de caldo claro?
—Durante todos estos años que hemos sido amigos, nunca habÃas hablado asà —replicó Kobi intrigado.
—Durante todos estos años, jamás habÃa pensado asÃ. Desde el alba hasta que me hacÃa parar la oscuridad he trabajado haciendo los más bellos carros que pueda fabricar un hombre, sin casi atreverme apenas a esperar que un dÃa los dioses reconocerÃan mis buenas obras y me darÃan una gran prosperidad, lo que jamás han hecho. Al fin me doy cuenta de que nunca lo harán. Por eso estoy triste. Deseo ser rico. Quiero poseer tierras y ganado, lucir bellas ropas y llenar mi bolsa de dinero. Estoy dispuesto a trabajar para ello con todas mis fuerzas, con toda la habilidad de mis manos, con toda la destreza de mi cabeza, pero deseo que mis esfuerzos sean recompensados. ¿Qué nos ocurre? Te lo vuelvo a preguntar. ¿Por qué no tenemos una parte justa de todas las cosas buenas, tan abundantes, que pueden conseguir los que poseen el oro?