El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —¡Ay si conociera la respuesta! —respondió Kobi—. Yo no estoy más satisfecho que tú. Todo el dinero que gano con mi lira se gasta rápidamente. A menudo he de planificar y calcular para que mi familia no pase hambre. Yo también tengo en mi fuero interno el deseo de tener una lira suficientemente grande para hacer resonar la grandiosa música que me viene a la mente. Con un instrumento asà podrÃa producir una música tan suave que ni el mismo rey habrÃa oÃdo nunca nada parecido.
—Tú deberÃas tener una lira asÃ. Nadie en la ciudad de Babilonia podrÃa hacerla sonar mejor que tú, hacerla cantar tan melodiosamente que, no sólo el rey, sino los mismos dioses quedarÃan maravillados. Pero, ¿cómo podrÃas conseguirla si tú y yo somos tan pobres como los esclavos del rey? ¡Escucha la campana! ¡Ya vienen! —señaló una larga columna de hombres medio desnudos, los portadores de agua que venÃan del rÃo, sudando y sufriendo por una estrecha calle. Caminaban en columna de a cinco encorvados bajo la pesada piel de cabra llena de agua.
—El hombre que los guÃa es hermoso —Kobi indicó al hombre que tocaba la campana y andaba al frente de todos, sin carga—. En su paÃs es fácil encontrar a hombres hermosos.