El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —¿Por qué? Porque en el momento que me he despertado y he recordado hasta qué punto mi bolsa se encontraba vacÃa, me ha invadido un sentimiento de rebeldÃa. Hablemos de ello. Como dicen los marinos, los dos remamos en la misma barca. De jóvenes fuimos a visitar a los sacerdotes para aprender su sabidurÃa. Cuando nos hicimos hombres, compartimos los mismos placeres. En la edad adulta, siempre hemos sido buenos amigos. Estábamos satisfechos de nuestra suerte. Éramos felices de trabajar largas horas y de gastar libremente nuestro salario. Ganamos mucho dinero durante los años pasados, pero los goces de la riqueza sólo los hemos podido experimentar en sueños. ¿Somos acaso estúpidos borregos? Vivimos en la ciudad más rica del mundo. Los viajeros dicen que ninguna otra ciudad la iguala. Ante nosotros se extiende esta riqueza, pero no poseemos nada de ella. Tras haber pasado la mitad de tu vida trabajando arduamente, tú, mi mejor amigo, tienes la bolsa vacÃa y me preguntas: ¿Me puedes prestar una suma tan insignificante como dos shékeles hasta después del festÃn de los nobles de esta noche? ¿Y qué es lo que yo te respondo? ¿Digo que aquà tienes mi bolsa, y que comparto contigo su contenido? No, admito que mi bolsa está tan vacÃa como la tuya. ¿Qué es lo que no funciona? ¿Por qué no podemos conseguir más plata y más oro, más de lo necesario para poder comer y vestirse?