El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »Durante todo el dĂa, el asno que solamente habĂa querido ayudar a su amigo, se vio forzado a hacer el trabajo del buey. Por la noche, cuando lo desengancharon del arado, tenĂa el corazĂłn afligido, las piernas cansadas y le dolĂa el cuello porque la yunta se lo habĂa irritado.
»El granjero se acercó al corral para escuchar.
»El buey empezĂł primero. “Eres un buen amigo. Gracias a tu sabio consejo, he disfrutado de un dĂa de descanso”.
»En cambio yo —replicĂł el asno—, soy un corazĂłn compasivo que empieza por ayudar a un amigo y termina por hacer su trabajo. A partir de ahora, tĂş arrastrarás tu propio arado porque he oĂdo que el amo decĂa al esclavo que fuera a buscar al carnicero si todavĂa seguĂas enfermo. Espero que lo haga porque eres un compañero perezoso.
»Nunca más se hablaron. Allà terminó su amistad.
»Rodan, ¿puedes explicarme la moraleja de esta fábula?
—Es una buena fábula —respondió Rodan—, pero yo no veo la moraleja.
—No pensaba que fueras a descubrirla. Pero hay una y muy simple: si quieres ayudar a tu amigo, hazlo de forma que luego no recaigan sobre ti sus responsabilidades.