El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »Entonces, le diría: “Tu objetivo es sensato y tu ambición digna. Me alegraré de prestarte las cincuenta monedas de oro si me aseguras que me las devolverás”.
»Pero si dijera: “Lo único que os puedo asegurar es que soy un hombre de honor y que os devolveré el dinero”.
»Entonces, le respondería que cada moneda de oro es muy valiosa para mí. Si los ladrones te quitan el dinero de camino a Esmirna o te arrebatan las alfombras a la vuelta, no tendrás medios para pagarme y habré perdido mi oro.
»Como ves, Rodan, el oro es la mercancía del prestamista. Es fácil prestarlo. Si se presta con imprudencia, es difícil de recuperar. Una promesa es un riesgo que un prestamista prudente desdeña, y prefiere la garantía de una devolución asegurada.
»Es bueno —prosiguió— ayudar a los que lo necesitan, ayudar a los que no tienen suerte. Está bien ayudar a los que empiezan para que prosperen y se conviertan en buenos ciudadanos. Pero la ayuda debe ser sensata porque si no, igual que el asno de la granja deseoso de ayudar, cargaremos con un peso que pertenece a otro.