El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »Sigo alejándome de tu pregunta, Rodan, pero escucha mi respuesta: guarda tus cincuenta monedas de oro. Son la justa recompensa de tu trabajo y nadie puede obligarte a compartirlas, a menos que lo desees. Si quisieras prestarlas para que te dieran más oro, deberÃas hacerlo con precaución y en sitios distintos. No me gusta ni el oro que duerme ni tampoco los grandes riesgos.
»¿Cuántos años has trabajado como fabricante de lanzas?
—Tres años.
—¿Además del regalo del rey, cuánto dinero has ahorrado?
—Tres monedas de oro.
—¿O sea, que cada año que has trabajado, te has privado de cosas buenas para ahorrar una moneda de tus ganancias?
—Asà es.
—Entonces, ¿quizás privándote de las cosas buenas podrÃas ahorrar cincuenta monedas de oro en cincuenta años?
—SerÃa el fruto de toda una vida.
—¿Y crees que tu hermana arriesgarÃa los ahorros de tus cincuenta años de trabajo para que su marido diera los primeros pasos como mercader?
—No, visto de este modo, no.