El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia El asalto estaba llegando al momento crucial, tras haber rodeado la ciudad durante tres dÃas, el enemigo habÃa concentrado sus fuerzas en aquella parte de la muralla y en aquella puerta.
Las defensas, situadas en la parte superior de la muralla, mantenÃan a raya a los adversarios que intentaban escalar las paredes de la muralla mediante plataformas o escaleras echándoles aceite hirviendo o tirando lanzas a los que conseguÃan llegar hasta lo más alto.
Los enemigos respondÃan disponiendo una lÃnea de arqueros que proyectaban una lluvia de flechas contra los babilonios.
El viejo Banzar ocupaba un puesto elevado desde el que podÃa ver muy bien todo lo que pasaba, se encontraba muy cerca del centro de los combates y era el primero en percibir los ataques frenéticos del enemigo.
Un comerciante de edad avanzada se le acercó.
—Decidme, por favor, no podrán entrar, ¿verdad? —Juntando las dos manos le suplicó—. Mis hijos están acompañando a nuestro buen rey, no hay nadie para proteger a mi anciana esposa. Robarán todos nuestros bienes, tomarán todas nuestras reservas. Nosotros ya somos viejos, demasiado para poder servir como esclavos, nos moráremos de hambre. Pereceremos. Decidme que no podrán entrar en la ciudad.