El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —Cálmate, buen comerciante —respondió el guardia—. Las murallas de Babilonia son sólidas. Vuelve al bazar y di a tu mujer que las murallas os protegerán a vosotros y a vuestros bienes tanto como a los ricos tesoros del rey. Permanece cerca de la muralla para que no te alcance una flecha.
Una mujer con un bebé en brazos ocupó el lugar del hombre que se retiraba.
—Sargento, ¿qué noticias hay del combate? Decidme la verdad para que pueda tranquilizar a mi pobre marido. Está en cama con una gran fiebre producida por sus terribles heridas. Pero insiste en protegerme con su armadura y su lanza, porque estoy encinta. Dice que la venganza del enemigo serÃa terrible en el caso de que entrara.
—Tienes buen corazón porque eres madre, y lo volverás a ser. Las murallas de Babilonia te protegerán a ti y a tus hijos. Son altas y sólidas, ¿no oyes los gritos de nuestros valientes defensores que tiran calderos de aceite hirviendo a los que intentan escalar los muros?
—SÃ, y también oigo el bramido de los arietes que chocan contra nuestras puertas.