El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia Todos los dÃas, el viejo Banzar permanecÃa en su puesto y observaba cómo los recién llegados subÃan a la pasarela y combatÃan hasta que, heridos o muertos, los habÃan de bajar. A su alrededor, una muchedumbre de ciudadanos atemorizados y ansiosos querÃa saber si las murallas aguantarÃan. Él daba a todos la misma respuesta con la dignidad del viejo soldado: Las murallas de Babilonia os protegerán.
Durante tres semanas y cinco dÃas continuó el ataque con renovada violencia. Cada dÃa la mandÃbula de Banzar se crispaba más y más, pues el paso, lleno de sangre de los numerosos heridos, se habÃa convertido en un lodazal por el flujo incesante de hombres que subÃan y bajaban tambaleantes. Todos los dÃas, los atacantes masacrados se amontonaban en pilas ante la muralla; todas las noches, sus camaradas los transportaban y enterraban.
La quinta noche de la última semana el clamor disminuyó. Los primeros rayos de sol iluminaron la llanura, cubierta de grandes nubes de polvo que levantaban los ejércitos en retirada. Un inmenso grito se alzó entre los defensores. No habÃa duda sobre lo que querÃa decir. Fue repetido por las tropas que esperaban detrás de las murallas, por los ciudadanos en las calles, barrió la ciudad con la violencia de una tempestad.