El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »—No se puede prosperar siendo un gandul —protestó Megido—. Si labras una hectárea, habrás hecho una buena jornada de trabajo y da lo mismo si tu amo lo sabe o no. Pero si sólo haces la mitad, eres un gandul. Yo no lo soy, me gusta trabajar y hacerlo bien pues el trabajo es el mejor amigo que he conocido. Me ha dado toda las cosas buenas que tengo: mi granja y mis vacas, mis cosechas, todo.
»—¿Y dónde están todas estas cosas ahora? —se burló Zabado—. Creo que es más provechoso ser inteligente y pasar desapercibido sin trabajar. MÃrame a mÃ, cuando nos vendan, yo transportaré agua o haré alguna otra tarea fácil, mientras tú, que te gusta trabajar, te partirás el espinazo transportando ladrillos —y rió estúpidamente.
»Esa noche me invadió el terror, no podÃa dormir. Me acerqué a la lÃnea de guardia y cuando los otros se habÃan dormido, llamé la atención de Godoso, que hacÃa el primer turno.
»Era uno de esos tunantes árabes, una especie de canalla que creÃa que si te robaba, además te tenÃa que cortar el cuello.
»—Dime, Godoso —le susurré—, ¿nos venderán cuando lleguemos a las murallas de Babilonia?
»—¿Para qué lo quieres saber? —preguntó prudentemente.