El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »Otros hombres fueron vendidos durante la mañana. A mediodÃa Godoso me confió que el vendedor estaba ya harto y que no pasarÃa una noche más allà sino que al atardecer llevarÃa el resto de esclavos al comprador del rey. Yo ya estaba desesperando de mi suerte cuando un hombre gordo y de aspecto amable se acercó al muro y preguntó si entre nosotros habÃa algún pastelero.
»—¿Para qué un buen pastelero como vos necesita un pastelero de calidad inferior? —le dije acercándome—. ¿No serÃa más fácil enseñar a un hombre de buena voluntad como yo los secretos de vuestro oficio? Miradme: soy joven, fuerte y me gusta trabajar. Dadme una oportunidad y haré todo lo que pueda para llenar de oro vuestra bolsa.
»Quedó impresionado por mi buena voluntad y comenzó a regatear con el vendedor. Este nunca se habÃa fijado en mà desde que me compró, pero ahora alababa con gran elocuencia mis virtudes, mi buena salud y mi buen carácter. Me sentà como un buey cebado que vendieran a un carnicero. Para mi gran alegrÃa, al final se cerró el trato y me fui con mi nuevo amo pensando que era el hombre más afortunado de Babilonia.