El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »Presenté mi plan a Nana-naid de la siguiente manera:
»—Si una vez haya terminado la pastelerÃa, puedo disponer de mis tardes para haceros ganar más dinero a vos, ¿no serÃa justo que compartierais parte de las ganancias conmigo? Asà tendré un dinero propio para poder comprar las cosas que todo hombre desea y necesita.
»—Es bastante justo —admitió.
»Cuando le presenté mi plan para vender pasteles de miel, estuvo muy contento.
»—Mira qué haremos —sugirió—. Los venderás a un céntimo el par; me devolverás la mitad de lo que ganes para pagar la harina, la miel y la leña necesaria para cocerlos. Yo me quedaré con la mitad del resto y la otra mitad será para ti.
»Estaba bien contento de aquella generosa oferta que consistÃa en darme la cuarta parte de mis ventas. Aquella noche trabajé hasta tarde para fabricar una bandeja sobre la que colocar los pasteles. Nana-naid me dio uno de sus vestidos usados para que tuviera un aspecto decente y Swasti me ayudó a arreglarlo y lavarlo.