El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »¿Puedes comprender, Hadan Gula, lo que esas palabras de aliento significaron para un joven esclavo, solo en una gran ciudad, que luchaba contra sà mismo para encontrar una puerta de salida a su humillación?
»A medida que los meses pasaban, iba engrosando mi bolsa, que empezaba a tener un peso reconfortante colgada de mi cinturón. El trabajo se habÃa convertido en mi mejor amigo, como habÃa predicho Megido. Yo estaba feliz pero Swasti se mostraba intranquila.
»—Temo por tu amo, pasa demasiado tiempo en las casas de juego —protestaba.
»Un dÃa me invadió la felicidad al encontrar a mi amigo Megido en la calle. Llevaba tres asnos cargados de verduras al mercado.
»—Estoy muy bien —dijo—, mi amo aprecia mi trabajo y ya soy capataz. Mira, me confÃa los productos que vende en el mercado e incluso ha reclamado a mi familia. El trabajo me ayuda a recuperarme de mi gran desgracia y algún dÃa me ayudará también a comprar mi libertad y a volver a tener una granja.
»Pasó el tiempo y cada dÃa Nana-naid tenÃa más prisas por verme llegar después de mi venta. Esperaba mi vuelta, contaba impaciente el dinero y lo dividÃa. Me presionaba para que buscara nuevos clientes y aumentara mis ventas.