El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »A menudo iba más allá de las puertas de la ciudad para buscar a los vigilantes de los esclavos que construÃan las murallas de la ciudad. Detestaba ver aquellas escenas desagradables pero encontraba que los vigilantes eran compradores generosos. Un dÃa vi sorprendido a Zabado que esperaba en fila para llenar de ladrillos su cesto. Estaba flaco y encorvado y su espalda estaba llena de cicatrices y llagas producidas por los látigos de los vigilantes. Me dio pena y le di un pastel que aplastó contra su boca como un animal famélico. Viendo el ansia que se reflejaba en su mirada, corrà antes de que pudiera atrapar mi bandeja.
»—¿Por qué trabajas tan duramente? —me preguntó un dÃa Arad Gula, casi la misma pregunta que tú me has hecho hoy, ¿te acuerdas?
»Le dije lo que me habÃa contado Megido sobre el trabajo y cómo habÃa resultado ser mi mejor amigo. Le enseñé con orgullo mi bolsa de monedas y le dije que ahorraba para comprar mi libertad.
»—¿Qué harás cuando seas libre? —preguntó.
»—Tengo la intención de hacerme mercader —respondÃ.
»Entonces me confió algo que nunca habÃa sospechado.
»—Tú no sabes que yo también soy esclavo, soy socio de mi amo.