El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »—Te busqué por todas partes. Cuando ya no tenÃa esperanzas, encontré a Swasti, quien me contó la historia del prestamista que me condujo hasta tu noble amo. Él ha negociado con dureza y me ha hecho pagar un precio desorbitado pero tú lo vales. Tu filosofÃa y tu audacia han inspirado mi éxito actual.
»—La filosofÃa de Megido, no la mÃa —interrumpÃ.
»—La de Megido y la tuya. Gracias a los dos, ahora vamos a Damasco, donde te necesito como socio. ¡Mira, exclamó, dentro de un momento serás un hombre libre!
»Diciendo esto sacó del interior de su ropa una tablilla de barro que era mi tÃtulo. La levantó por encima de su cabeza y la tiró con fuerza contra el pavimento de piedra para romperla en mil pedazos. Pisó con alegrÃa los añicos hasta que quedaron reducidos a polvo.
»Mis ojos se llenaron de lágrimas de agradecimiento. SabÃa que era el hombre más afortunado de Babilonia. ¿Ves? El momento de mayor angustia, el trabajo resultó ser mi mejor amigo. Mi buena voluntad de trabajar me permitió no tener que ir con los esclavos que construÃan las murallas. E impresionó a tu abuelo hasta el punto de que me quisiera hacer su socio.
—¿Entonces, el trabajo era la clave secreta de los shékeles de oro de mi abuelo? —preguntó Hadan Gula.