El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —Era la única que tenÃa cuando yo lo conocà —respondió Sharru Nada—. A tu abuelo le gustaba trabajar, los dioses apreciaron sus esfuerzos y lo recompensaron generosamente.
—Empiezo a entender —Hadan Gula hablaba mientras pensaba—. El trabajo atrajo a sus numerosos amigos que admiraban su perseverancia y el éxito que le proporcionaba. El trabajo le dio los honores que apreciaba tanto en Damasco. El trabajo le aportó todas esas cosas de la que he disfrutado. ¡Y yo creÃa que el trabajo era sólo para los esclavos!
—La vida está llena de numerosos placeres de los que puede gozar el hombre —comentó Sharru Nada—, y cada uno tiene su lugar. Estoy contento de que el trabajo no esté sólo reservado a los esclavos. Si asà fuera, me verÃa privado de mi mayor placer. Hay muchas cosas que me gustan, pero nada reemplaza al trabajo.
Sharru Nada y Hadan Gula pasaron por la sombra de las elevadas murallas hacia las macizas puertas de bronce de Babilonia. A su llegada, los guardias de la puerta se pusieron firmes y saludaron respetuosamente al honorable ciudadano. Con la cabeza bien alta, Sharru Nada condujo la larga caravana a través de las puertas y por las calles de la ciudad.