El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia La gloria de Babilonia se ha apagado pero su sabiduría ha sido conservada para nosotros gracias a los archivos. En aquellos lejanos tiempos, el papel no había sido todavía inventado, y en su lugar, la gente grababa laboriosamente sus escritos en tablillas de arcilla húmeda. Cuando las acababan, las cocían y quedaban duras. Medían aproximadamente seis por ocho pulgadas y el espesor era de una pulgada. Utilizaban estas tablillas de barro, como se les llama comúnmente, como nosotros las modernas formas de escritura. Se grababan leyendas, poesía, historia, transcripciones de decretos reales, leyes del país, títulos de propiedad, billetes e incluso cartas que eran enviadas mediante mensajeros hacia ciudades lejanas. Gracias a estas tablillas hemos podido conocer asuntos íntimos de la gente. Una tablilla que seguramente provenía de los archivos del almacenero del país cuenta, por ejemplo, que un cliente llevó una vaca y la cambió por siete sacos de trigo, tres entregados en el mismo momento y los otros cuatro a conveniencia del cliente.
Los arqueólogos recuperaron bibliotecas enteras de estas tablillas, cientos de miles de ellas, protegidas por los escombros de las ciudades.