El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »—Me he pagado regularmente —repliqué—, y he confiado mis ahorros a Ager, el fabricante de escudos, para que compre bronce, y cada cuatro meses me paga los intereses.
»—Muy bien. ¿Y qué haces con esos intereses?
»—Me doy un gran festÃn con miel, buen vino y pastel de especias. También me he comprado una túnica escarlata. Y algún dÃa me compraré un asno joven para poderme pasear.
»Al oÃr eso, Algamish rió:
»—Te comes los beneficios de tus ahorros. AsÃ, ¿cómo quieres que trabajen para ti? ¿Cómo pueden producir a su vez más beneficios que trabajen para ti? Procúrate primero un ejército de esclavos de oro, y después podrás gozar de los banquetes sin preocuparte.
»Tras esto, no lo volvà a ver en dos años. Cuando regresó, su rostro estaba cubierto de arrugas y tenÃa los ojos hundidos, ya que se estaba haciendo viejo. Me dijo:
»—Arkad, ¿ya eres rico, tal como soñabas?
»Y yo respondÃ:
»—No, todavÃa no poseo todo lo que deseo, sólo una parte, pero obtengo beneficios que se están multiplicando.
»—¿Y todavÃa pides consejo a los fabricantes de ladrillos?