El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia »No os burléis de lo que os digo porque os parezca simple. La verdad siempre es simple. Ya os he dicho que os contarÃa cómo amasé mi fortuna.
»Asà fueron mis comienzos, yo también he tenido la bolsa vacÃa y la he maldecido porque no contenÃa nada con lo que pudiera satisfacer mis deseos. Pero cuando empecé a sacar sólo nueve de cada diez monedas que metÃa, empezó a abultarse. Lo mismo le ocurrirá a la vuestra.
»Os diré una extraña verdad cuyo principio desconozco. Cuando empecé a gastar sólo las nueve décimas partes de lo que ganaba: me arreglé igual de bien que cuando lo gastaba todo. No tenÃa menos dinero que antes. Además, con el tiempo, obtenÃa dinero con más facilidad. Es seguramente una ley de los dioses, que hace que, para los que no gastan todo lo que ganan y guardan una parte es más fácil conseguir dinero, del mismo modo que el oro no va a parar a manos de quien tiene los bolsillos vacÃos.
»¿Qué deseáis con más fuerza? ¿Satisfacer los deseos de cada dÃa, joyas, muebles, mejores ropas, más comida: cosas que desaparecen y olvidamos fácilmente? ¿O bienes sustanciales como el oro, las tierras, los rebaños, las mercancÃas, los beneficios de las inversiones? Las monedas que tomáis de vuestra bolsas os darán las primeras cosas; las que no retiráis, los segundos bienes que os he enumerado.