El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia Este edificio era el Templo del Conocimiento. En él, profesores voluntarios explicaban la sabidurÃa del pasado y se discutÃan asuntos de interés popular en asamblea abierta. En su interior, todos los hombres eran iguales. El esclavo más insignificante podÃa rebatir impunemente las opiniones del prÃncipe del palacio real.
Uno de los hombres que frecuentaban el Templo del Conocimiento era Arkad, hombre sabio y opulento del que se decÃa que era el más rico de Babilonia. ExistÃa una sala especial en la que se reunÃan, casi todas las tardes, un gran número de hombres, unos viejos y otros jóvenes, pero la mayorÃa de edad madura, y discutÃan sobre temas interesantes. PodrÃamos escuchar lo que decÃan para verificar si sabÃan cómo atraer la suerte…
El sol acababa de ponerse, semejante a una gran bola de fuego brillante a través de la bruma del desierto polvoriento, cuando Arkad se dirigió hacia su estrado habitual. Unos cuarenta hombres esperaban su llegada, tumbados en pequeñas alfombras colocadas sobre el suelo. Ojos llegaban en ese momento.
—¿De qué vamos a hablar esta tarde? —preguntó Arkad.
Tras una breve indecisión, un hombre altor, un tejedor, se levantó, como era costumbre, y le dirigió la palabra.