El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —Para empezar —prosiguió Arkad—, escuchemos a todos los que se encuentren aquà que hayan tenido experiencias parecidas a la del tejedor, que hayan encontrado o recibido, sin esfuerzo por su parte, valiosos tesoros o joyas.
Durante un momento de silencio, todos se miraron, esperando que alguien respondiera, pero nadie lo hizo.
—¡Qué! ¿Nadie? —dijo Arkad—. Entonces debe de ser realmente raro tener esa suerte. ¿Quién quiere hacer ruta sugerencia sobre cómo continuar con nuestra investigación?
—Yo —contestó un hombre joven y bien vestido mientras se levantaba—. Cuando un hombre habla de suerte, ¿no es normal que piense en las salas de juego? ¿No es precisamente en esos lugares donde encontramos a hombres que pretenden los favores de la diosa y esperan que los bendiga para recibir grandes sumas de dinero?
—No pares —gritó alguien al ver que el joven volvÃa a sentarse—. Sigue con tu historia. Dinos si la diosa te ha ayudado en las salas de juego. ¿Ha hecho que en los dados aparezca el rojo para que llenes tu bolsa, o ha permitido que salga la cara azul para que el crupier recoja tus monedas que tanto te ha costado ganar?