El hombre más rico de Babilonia
El hombre más rico de Babilonia —Porque me habĂ©is servido fielmente durante nuestro largo viaje, porque habĂ©is cuidado bien de mis camellos, porque habĂ©is trabajado duro sin quejaros a travĂ©s de las arenas del desierto y porque os habĂ©is enfrentado con valentĂa a los ladrones que han intentado despojarme de mis bienes, esta noche voy a contaros la historia de las cinco leyes del oro, una historia como jamás habĂ©is escuchado antes.
»¡Escuchad, escuchad! Prestad mucha atención a mis palabras para comprender su significado y tenerlas en cuenta en el futuro si deseáis poseer mucho oro.
Hizo una pausa impresionante. Las estrellas brillaban en la bĂłveda celeste. Detrás del grupo se distinguĂan las descoloridas tiendas que habĂan sujetado fuertemente, en previsiĂłn de posibles tormentas de arena. Al lado de las tiendas, los fardos de mercancĂas recubiertos de pieles estaban correctamente apilados. Cerca de allĂ, algunos camellos tumbados en la arena rumiaban satisfechos, mientras que otros roncaban, emitiendo un sonido ronco.
—Ya nos has contado varias historias interesantes, Kalabab —dijo en voz alta el jefe de la caravana—. En ti vemos la sabidurĂa que nos guiará cuando tengamos que dejar de servirte.
—Os he contado mis aventuras en tierras lejanas y extranjeras, pero esta noche voy a hablaros de la sabidurĂa de Arkad, el hombre sabio que es muy rico.