El Gatopardo
El Gatopardo Pero la tranquilidad es apenas una máscara. Las noticias del desembarco de Garibaldi en Marsala sacuden el suelo bajo los pies del PrÃncipe. El mundo ha cambiado, y aunque aún no se nota en las paredes cubiertas de terciopelo, en las escalinatas de mármol, o en los besamanos al llegar al comedor, algo invisible ha empezado a pudrir el corazón del orden feudal.
Tancredi, el joven y encantador sobrino del PrÃncipe, aparece en escena con una frase que será profética:
—Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.
El muchacho ha decidido unirse a los camisas rojas de Garibaldi. Para el PrÃncipe, no es una traición, sino una adaptación. Tancredi representa esa inteligencia instintiva de la nobleza que, para sobrevivir, está dispuesta a disfrazarse de revolución.
Mientras tanto, la familia se prepara para trasladarse a Donnafugata, su residencia de verano. El viaje en carruaje, rodeado por los campos polvorientos y silenciosos, muestra un contraste brutal: el poder decadente de los Salina versus la miseria de los campesinos que los saludan con respeto aprendido pero sin admiración.