Fausto
Fausto MEFISTÓFELES sale de detrás de un telón.
Cuando lo levanta y vuelve la mirada se ve a FAUSTO tendido en un antiguo camastro.
MEFISTÓFELES
¡Aquà yace el desdichado! Seducido
hasta caer en las garras del amor.
A quien Helena paraliza
no recupera tan fácilmente la razón.
Mirando en torno suyo.
Si arriba miro, abajo, alrededor,
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nada ha cambiado, todo sigue igual;
las vidrieras se me antojan más turbias,
las telarañas se han multiplicado;
seca está la tinta, amarillo el papel,
mas todo permanece en su lugar;
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hasta la pluma sigue aquÃ,
con la que Fausto se comprometió al diablo.
¡SÃ!, dentro de su cañón, coagulada,
se ve la gotita de sangre que le sonsaqué.
Esta pieza única
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se la deseo a un gran coleccionista.
