Los padecimientos del joven Werther
Los padecimientos del joven Werther Todo me persigue. Hoy me he encontrado con la señorita B*** en el paseo y no pude evitar dirigirme a ella y mostrarle, en cuanto estuvimos algo alejados de la concurrencia, mi parecer respecto de su reciente comportamiento. «Oh, Werther —me dijo en un tono ferviente—, conocéis mi corazón, asà que, ¿podréis perdonar mi confusión? ¡Cuánto he sufrido por vuestra causa desde el instante en el que entré en la sala! SabÃa qué iba a pasar, estuve a punto de decÃroslo cientos de veces. SabÃa que las señoras de S*** y de T*** preferirÃan abandonar la tertulia con sus maridos antes de permanecer en vuestra compañÃa; sabÃa que el conde no querÃa disgustaros… ¡Y todo este escándalo!». «¿Qué quiere decir, señorita?», dije ocultando mi espanto, porque en esos instantes todo lo que Adelin me habÃa dicho anteayer corrÃa por mis venas como agua hirviente. «¿Cuánto me habrá costado ya?», dijo esa dulce criatura mientras las lágrimas asomaban a sus ojos. Yo ya no podÃa controlarme, estaba a punto de arrojarme a sus pies. «ExplÃquese», exclamé. Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Yo estaba fuera de mÃ. Ella se las secaba sin intentar ocultarlas. «Usted conoce a mi tÃa —comenzó—; ella estaba presente y os ha… ¡Ay, con qué ojos os miraba! Werther, ayer por la noche y esta mañana he aguantado un sermón sobre mi relación con vos y he tenido que oÃr cómo os vilipendiaba y humillaba, y sólo podÃa defenderos a medias».