Los padecimientos del joven Werther
Los padecimientos del joven Werther «Lotte —dije ofreciéndole mi mano, al tiempo que mis ojos se llenaban de lágrimas—, ¡volveremos a vernos! ¡Aquà y allà volveremos a vernos!». No pude seguir hablando… Wilhelm, ¿era necesario que me preguntara esto mientras yo albergaba esta horrible despedida en el corazón?
«¿Sabrán de nosotros nuestros seres queridos que han fallecido? —continuó—, Âżsabrán cuándo nos sentimos bien, sabrán que nos acordamos de ellos con todo nuestro cariño? ¡Oh! La figura de mi madre siempre flota a mi alrededor cuando estoy sentada con sus hijos, con mis hijos, en una noche tranquila, y los veo reunidos a mi alrededor como antes nos reunĂamos alrededor de ella. Cuando miro al cielo con una lágrima nostálgica, desearĂa que pudiera ver desde allĂ durante un instante cĂłmo he mantenido la palabra que le di en la hora de su muerte: ser una madre para sus hijos. Con cuánto sentimiento exclamo: “PerdĂłname, queridĂsima madre, si no puedo ser para ellos todo lo que tĂş fuiste. ¡Ay! No obstante, hago todo lo que puedo; están vestidos, alimentados, ¡ay!, y lo que es más que todo eso, se sienten cuidados y queridos. Si pudieras ver nuestra armonĂa, querida santa, con el más profundo agradecimiento alabarĂas a Dios, a quien rogaste por el bienestar de tus hijos con tus Ăşltimas y más amargas lágrimas”».