Los padecimientos del joven Werther
Los padecimientos del joven Werther »Albert, tú estabas en la habitación. Oyó caminar a alguien y preguntó y quiso que te presentaras, y cuando te vio, me dijo con una mirada cargada de serenidad y consuelo que seríamos felices, que juntos seríamos felices». Albert la abrazó, la besó y dijo: «¡Lo somos! ¡Lo seremos!». El imperturbable Albert estaba totalmente emocionado y yo no sabía cómo reaccionar.
«Werther —comenzó—, ¡y justamente esta mujer tuvo que morir! ¡Dios! A veces pienso en cómo permitimos que nos arrebaten lo más querido de nuestras vidas. Y nadie lo siente con tanta intensidad como los niños, que se quejaron durante mucho tiempo de que los hombres oscuros se hubiesen llevado a su madre».