Los padecimientos del joven Werther
Los padecimientos del joven Werther ¡Paciencia! ¡Paciencia! Todo mejorará, porque, querido amigo, tienes razón. Desde que paso los dÃas con el pueblo y veo lo que hacen y cómo lo hacen, me siento mucho mejor conmigo mismo. Es cierto que, como todos estamos hechos de esta manera, comparamos todo con nosotros mismos y nos comparamos a nosotros con todo, y asà la fortuna y la miseria radica en los objetos que nos mantienen unidos, y no hay nada más peligroso que la soledad. Nuestra fantasÃa, empujada por su naturaleza a elevarse y alimentada por las imágenes fantásticas de la poesÃa, idea una clasificación de seres en la que nosotros ocupamos el escalón más bajo y todo lo demás nos parece más digno de admiración que nosotros, todos los demás son más perfectos. Y esto sucede con la mayor naturalidad. Sentimos frecuentemente que carecemos de algo y a menudo nos parece que precisamente eso que nos falta le pertenece a otro, asà que partimos de la base de que ese otro también tiene todo lo que nosotros poseemos y que disfruta además de cierta felicidad ideal. Y asà la imagen del afortunado ya está completa, aunque no es más que algo que hemos creado nosotros mismos.
En cambio, cuando seguimos trabajando con todas nuestras debilidades y fatigas, a menudo sucede que llegamos más lejos con nuestro paso lento y avanzando despacio y en contra del viento que otros con sus velas y remos, y ésta es la auténtica medida de uno mismo: cuando se iguala a otros o incluso los supera.