Almas muertas
Almas muertas —¿No me has oÃdo, imbécil, cuando te gritaba que giraras a la derecha? ¿Estás borracho?
Selifán se dio cuenta de que habÃa cometido una falta, pero como al ruso le molesta reconocer su culpa ante los demás, a continuación se irguió, exclamando:
—¿Y por qué corrÃas tú tanto? ¿Acaso has dejado en la taberna tus ojos en prenda?
Acto seguido intentó hacer que su coche retrocediera a fin de desenredar los aparejos, pero no era ésta una empresa fácil, ya que todo se habÃa hecho un lÃo.