Almas muertas
Almas muertas ¡Qué infinidad de monasterios y templos con cúpulas, torres y cruces se encuentran diseminados a lo largo y a lo ancho de la piadosa y santa Rusia! Del mismo modo son incontables las naciones, los pueblos y las generaciones que se aglomeran y se deslizan sobre la faz de la tierra como abigarrados conjuntos. Y cada pueblo que lleva en sí mismo la prenda de sus energías, repleta su alma de capacidad creadora, junto con los otros dones de que Dios le dotó, se distingue particularmente por su propio verbo, el cual, al designar un objeto cualquiera, refleja en sus expresiones una parte de su propio carácter. El vocablo del británico responderá al conocimiento del corazón y de la vida. Una elegancia suave, que resplandece y pronto se esfuma, es la palabra del francés. Pero no existe palabra de tanta agilidad y tan amplios vuelos, que salga de lo más profundo del corazón, que hierva y vibre, como la palabra rusa, cuando ella da en el blanco.