Almas muertas
Almas muertas —Ulinka —continuó el general, quien añadió, dirigiéndose a su hija—. Pavel Ivanovich acaba de darme una noticia muy interesante. Nuestro vecino Tentetnikov no es ni mucho menos tan necio como habÃamos creÃdo. Se ocupa en una obra de bastante importancia: está escribiendo la historia de los grandes generales del año 12.
—¿Quién creÃa que se trataba de un necio? —replicó ella con rapidez—. Eso lo será Vishnepokromov, en quien tú tienes confianza y que es un hombre vacÃo y abyecto.
—¿Por qué abyecto? —preguntó el general—. Un tanto vacÃo sà lo es.
—Es un tanto miserable y un tanto repugnante, y no solamente un tanto vacÃo. El hombre que ofendió de este modo a sus hermanos y arrojó de casa a su hermana es una persona repugnante.
—Eso son cosas que se dicen.
—Desde el momento en que se dicen por algo será. No alcanzo a comprender, padre, con lo bueno que eres, con el gran corazón que tienes, recibes a un hombre que se halla tan lejos de ti como la tierra del cielo y de quien tú mismo sabes que es una mala persona.