Almas muertas

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La dueña de la casa se dirigía con frecuencia a Chichikov en los siguientes términos:

—Apenas come usted. Se ha servido demasiado poco.

A lo que él contestaba en cada ocasión:

—Muchísimas gracias, ya he comido bastante. Es preferible una agradable conversación a un buen manjar.

Por último, se levantaron de la mesa. Manilov se mostraba muy satisfecho y, con una mano apoyada en la espalda de su invitado, se preparaba a acompañarlo a la sala, cuando el invitado le comunicó de pronto y con expresión muy significativa que deseaba hablar con él acerca de un asunto de mucha importancia.

—Si es así, le suplico que venga a mi despacho —repuso Manilov, y lo llevó a una estancia de pequeñas proporciones, cuyas ventanas daban al azulado y frondoso bosque—. Éste es mi rincón —agregó.

—Me gusta, en efecto —dijo Chichikov recorriendo toda la estancia con la mirada.


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