Almas muertas
Almas muertas —PermÃtame decirle que esto es sólo un simple prejuicio. Al contrario, yo pienso que fumar en pipa es, sin comparación, más saludable que tomar rapé. En nuestro regimiento habÃa un teniente, un hombre sumamente agradable e instruido, que en todo momento llevaba la pipa en la boca, y no la soltaba ni tan siquiera al sentarse a la mesa, ni aún, con perdón sea dicho, en todos los demás lugares. Ahora tiene más de cuarenta años, y a Dios gracias, goza de inmejorable salud.
Chichikov repuso que, efectivamente, esto sucede con frecuencia, y que en la naturaleza se ven gran cantidad de cosas que ni siquiera una mente privilegiada es capaz de explicar.
—Pero permÃtame que le pida una cosa… —dijo en un tono de voz en que se notaba una expresión extraña o casi extraña, y acto seguido, sin que se sepa el motivo, miró atrás—. ¿Hace ya mucho tiempo que presentó la última relación de los criados que hay en su hacienda?
—SÃ, hace mucho tiempo, o para ser más exacto, ya no me acuerdo.
—¿Y sabe cuántos campesinos se le han muerto a partir de entonces?
—Lo ignoro por completo. Valdrá más que se lo pregunte al administrador. ¡Eh, tú! Ve a buscar al administrador, hoy debe estar aquÃ.