Almas muertas
Almas muertas —¡Oh, no! —contestó Chichikov—. En ella figurará que están vivos, tal como consta en la relación del Registro. Estoy acostumbrado a no salirme nunca de lo que mandan las leyes, a pesar de que esto me representó graves quebrantos en el ejercicio de mi cargo. Pero tiene que perdonarme, el deber es sagrado para mÃ. Ante la ley enmudezco.
Las últimas palabras produjeron satisfacción en Manilov, pero continuó sin comprender el auténtico sentido de aquel negocio, y debido a ello por toda respuesta se limitó a chupar su pipa con tanta energÃa que ésta acabó roncando como un fagot. Daba la impresión de que pretendÃa sacar de ella su parecer acerca de tan inusitada circunstancia. Pero la pipa no hizo más que roncar.
—Tal vez tenga usted alguna duda…
—¡Oh, no! ¡Qué cosas se le ocurren! No se trata de eso. No es que usted me inspire la más mÃnima desconfianza. Pero permÃtame, ¿no será este asunto, o para hablar con más propiedad, este negocio, un tanto contrario a las leyes del paÃs y al futuro de Rusia?