Almas muertas
Almas muertas —¡Qué agradable resulta tropezarse con personas que piensan de la misma manera que uno! —exclamó Chichikov—. Yo tengo también un asunto que al mismo tiempo es legal e ilegal. Aparentemente es ilegal, pero en el fondo es legal. Necesito un préstamo y no quiero hacer que nadie corra el riesgo de pagar dos rublos por cada siervo vivo. Si fracasara, cosa que Dios no permita, le serÃa desagradable al propietario. Por eso se me ha ocurrido la idea de recurrir a los fugitivos y a los muertos que todavÃa constan en el Registro. AsÃ, de una vez, hago una obra cristiana y libro al infortunado propietario de la obligación de pagar las cargas correspondientes. Sólo que entre nosotros firmaremos un contrato de compraventa, como si fueran vivos.
«Todo esto es un negocio muy extraño», se dijo Lenitsin separando un poco la silla.
—El asunto, no obstante… es de tal naturaleza… —comenzó.
—No habrá ningún escándalo porque quedará en secreto —afirmó Chichikov—, y por otra parte, todo queda entre caballeros.
—No obstante, a pesar de todo… se trata de un asunto…
—No habrá ningún escándalo —aseguró rotundamente Chichikov—. Es un asunto como el que acabamos de ver: entre caballeros de cierta edad y supongo que de buena condición; además, quedará en secreto.