Almas muertas
Almas muertas —No sé qué responder, Afanasi Vasilievich. No sé si mi situación ha mejorado. Me han correspondido en total cincuenta siervos y treinta mil rublos en metálico, con los que he podido liquidar una parte de mis deudas, de modo que nuevamente me he quedado sin nada. Pero lo más importante es que lo del testamento es un asunto nada claro. ¡Qué marrullerÃas, Afanasi Vasilievich! Se quedará perplejo cuando se lo explique. Ese Chichikov…
—PermÃtame, Semión Semionovich, antes de hablar de ese Chichikov hablemos de usted. DÃgame, ¿cuánto considera usted que le harÃa falta para salir definitivamente de su apurada situación?
—Me encuentro en una situación muy difÃcil —repuso Jlobuev—. Para salir de ella, liquidar las deudas y verme en condiciones de mantener una vida de lo más sencilla, me harÃan falta, como mÃnimo, cien mil rublos, tal vez más. En resumen, que me es imposible.
—Y si tuviera esa cantidad, ¿de qué modo organizarÃa su vida?
—Entonces alquilarÃa un pisito y me dedicarÃa a la educación de mis hijos. En mà resulta inútil pensar; mi carrera ha llegado a su fin, yo no sirvo para nada.
—Pero seguirá su vida ociosa, y la ociosidad es la madre de tentaciones que no asaltarÃan al que se ocupa en un trabajo.