Almas muertas
Almas muertas El cochero, enterado ya de que debía torcer por el tercer camino con que se tropezara, dijo: «Esta vez acertaremos, señor», y Chichikov se puso de nuevo en marcha, despedido por los saludos de sus anfitriones, quienes, puestos de puntillas, durante un buen rato permanecieron agitando sus pañuelos.