Historias de San Petersburgo
Historias de San Petersburgo El asesor colegiado Kovaliov se despertó bastante temprano y resopló –«brrr…»–, cosa que hacÃa siempre al despertarse, aunque ni él mismo habrÃa podido explicar por qué razón. Kovaliov se desperezó y pidió un espejo pequeño que habÃa encima de la mesa. QuerÃa verse un granito que le habÃa salido la noche anterior en la nariz. Y entonces, para gran asombro suyo, en el lugar de su nariz descubrió una superficie totalmente lisa. Mandó que le trajeran agua y se frotó los ojos con una toalla húmeda: ¡nada, que no estaba la nariz! Comenzó a palparse, preguntándose si estarÃa dormido. Pero, no; no era una figuración. El asesor colegiado Kovaliov se tiró precipitadamente de la cama, sacudiendo la cabeza con preocupación: ¡no tenÃa nariz! Pidió su ropa al instante y partió como una flecha a ver al jefe de policÃa.