Historias de San Petersburgo
Historias de San Petersburgo –¡Bruto! –gritaba, presa de la mayor furia–. ¿Cómo te atreves a besar a mi mujer? ¡Eres un canalla y no un oficial ruso! ¡Qué diablos, amigo Hoffmann! ¡Yo soy alemán, por fortuna, y no un cochino ruso! ¡Oh!... ¡No consiento que me engañe mi mujer! ¡Agárralo por el cuello, amigo Hoffmann!... ¡No lo consiento! –prosiguió, gesticulando mientras su cara se semejaba al paño rojo de su chaleco–. ¡Ocho años hace que vivo en Petersburgo! ¡En Suabia vive mi madre, y mi tÃo en Nüremberg! ¡Soy alemán! ¡Desnúdenlo! ¡Amigo Hoffmann, amigo Kuntz!... ¡Cójanlo por los pies y por las manos!
Y los alemanes cogieron por los pies y por las manos a Piragov. En vano se esforzaba éste por luchar. Aquellos tres artesanos eran los más robustos de todos los alemanes de Petersburgo. Se portaron con él de una manera tan brutal y tan descortés, que confieso no poder encontrar palabras capaces de describir el triste acontecimiento.