Historias de San Petersburgo
Historias de San Petersburgo Piragov basaba mucho en esto sus esperanzas; primeramente, porque le gustarÃa; segundo, porque le darÃa ocasión de lucir su silueta y su habilidad, y tercero, porque bailando podÃa uno aproximarse más, abrazar a la bonita alemana y empezar su conquista. En una palabra, en esto radicarÃa su éxito.
Comenzó por una gavota, sabiendo que con las alemanas hay que emplear cierta graduación. Ella se colocó en el centro de la habitación y alzó el maravilloso piececito. Tal actitud admiró tanto a Piragov, que se apresuró a besarla. La alemana se puso a gritar, lo que la hizo aún más encantadora a los ojos de Piragov, que la cubrió de besos. De repente, la puerta se abrió y por ella entró Schiller, acompañado de Hoffmann y el carpintero Kuntz. Todos estos dignos artesanos estaban borrachos como cubas.
Dejo a mis lectores juzgar del frenesà y la indignación que se apoderaron de Schiller.