La Nariz
La Nariz Más tarde, todo el mundo dijo que la nariz del mayor Kovalev no se paseaba por la Perspectiva Nevski, sino por el Parque Táuride; decían que se encontraba allí desde hacía mucho tiempo; Chosrev-Mirza habría mirado con asombro ese raro capricho de la naturaleza cuando vivía por allí. Unos estudiantes de la Facultad de Medicina también fueron al parque, hubo damas muy distinguidas y muy honestas que en cartas privadas rogaron al guarda de aquel jardín que enseñara el raro fenómeno a sus hijos y que agregara —si fuera posible— una explicación detallada e instructiva para los jóvenes.
Todos estos sucesos encantaron a los distinguidos caballeros que no deben dejar de asistir a ninguna reunión social, cuya pasión es hacer reír a las damas y que carecían de tema a la sazón. Sin embargo, una minoría de gente decente y bienintencionada se escandalizó por todos estos episodios. Un señor hasta declaró indignado que no comprendía que en nuestro siglo pudieran propagarse rumores tan absurdos; más aún: le extrañó que el gobierno no prestara atención a estos sucesos. Este señor era, evidentemente, de la clase de gente que cree conveniente que el gobierno intervenga en todos los asuntos, hasta en las desavenencias diarias entre los esposos… Mas aquí, una red impenetrable envuelve nuevamente todo el episodio, y no se sabe tampoco nada de lo que sucedió después.