Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka El día previo a la Navidad había pasado. Llegó la noche, una clara noche de invierno. Lucían las estrellas. La luna se elevaba majestuosamente en el cielo, iluminando a las gentes de bien y al universo entero, para que todos pudieran glorificar a Cristo y cantar alegres koliadki[15]. El frío era más intenso que por la mañana, pero el silencio era tan acabado que el crujido del hielo bajo la bota se oía a medio kilómetro. Ni un solo grupo de muchachos había aparecido bajo las ventanas de las jatas; sólo la luna dirigía sobre ellas alguna mirada fugitiva, como invitando a las jóvenes a salir más deprisa a la crujiente nieve. En ese momento, por la chimenea de una jata, salieron unas volutas de humo que se elevaron por el cielo como nubes, y entre ellas apareció una bruja montada en una escoba.