Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka —¡Miren cómo se hace el valiente! —dijo Chub al quedarse solo en la calle—. ¡Acérquense! ¡MÃrenlo! ¡Vean qué gran señor! ¿Crees que no puedo denunciarte? No, hermano, voy a ir directamente a la comisarÃa. ¡Vas a saber quién soy yo! No me importa que seas herrero o pintor. Me gustarÃa verme la espalda y el hombro: seguro que me ha hecho algún moratón. ¡Me ha golpeado bien, ese hijo de Satanás! ¡Lástima que haga tanto frÃo y no pueda quitarme el abrigo! Espera un poco, herrero del diablo, que ya os dará una buena el demonio a ti y a tu fragua. ¡He de verte bailar en la horca, maldito! Pero veamos… No está en casa en este momento. Por tanto, Soloja debe de estar sola. Hum… Su casa no queda lejos de aquÃ. No sé si acercarme. A esta hora no le ve a uno nadie. Tal vez sea posible… ¡Vaya golpe me ha propinado ese maldito herrero!