Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka —A ti sólo te interesan los bueyes. Vosotros los gitanos sólo pensáis en ganar dinero, en enredar y engañar a los hombres honrados.
—¡Diablos! Veo que te lo has tomado en serio. ¿No se deberá tu enfado a la obligación de cargar con una novia?
—No, eso no va con mi carácter. Yo soy fiel a mi palabra. Cuando decido una cosa, nunca me vuelvo atrás. Pero ese vejestorio de Cherevik no tiene ni medio kopek de conciencia: primero dice que sà y luego que no… Bueno, a fin de cuentas, no tiene él la culpa: es un pobre diablo. Todo son maniobras de esa vieja bruja a la que insulté esta mañana en el puente, en compañÃa de los muchachos. Ah, si fuera un zar o un gran señor, serÃa el primero en colgar a todos esos idiotas que se dejan dominar por sus mujeres…
—¿Me venderás los bueyes por veinte rublos si consigo que Cherevik te entregue a Paraska?