Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka «En tiempos del señor Stepán, que era príncipe de Transilvania y también rey de los polacos, vivían dos cosacos: Iván y Pietro. Eran como dos hermanos. “Escucha, Iván: todos los bienes que consigamos nos los repartiremos. Cuando uno de nosotros esté alegre, también se alegrará el otro; cuando uno sienta pena, ambos nos apenaremos; cuando uno consiga un botín, lo partirá por la mitad; cuando uno sea hecho prisionero, el otro venderá todo lo que tiene para pagar el rescate, y en último término se entregará él mismo”. Y en verdad todo lo que conseguían los cosacos se lo repartían, tanto el ganado ajeno como los caballos.
»El rey Stepán guerreaba contra los turcos. Llevaba ya tres semanas batiéndose con ellos, pero aún no había conseguido expulsarlos. Entre los turcos había un pachá tan arrojado que con sólo diez jenízaros podía destruir todo un regimiento. El rey Stepán anunció entonces que, si algún valiente le traía a ese pachá vivo o muerto, le entregaría a él solo tanto dinero como repartía entre todo el ejército. “¡Vamos a coger al pachá, hermano!”, dijo Iván a Pietro. Y los cosacos se fueron cada uno por su lado.