Las Veladas de Dikanka
Las Veladas de Dikanka Poco tiempo después recibió la noticia de la muerte de su madre; una hermana de ésta, y por tanto tía suya, de la que sólo recordaba que siendo niño le había llevado peras secas y unos deliciosos panecillos que preparaba ella misma (de hecho, había seguido enviándoselos a Gadiach, pero más tarde había discutido con su madre e Iván Fiódorovich no había vuelto a verla), esa tía, llevada por su bondad, se había encargado de regentar su pequeña hacienda, novedad que le había comunicado a su debido tiempo por medio de una carta. Iván Fiódorovich, que estaba completamente seguro del buen juicio de su tía, siguió desempeñando sus funciones como hasta entonces. Cualquier otro en su lugar, al haber obtenido tan alta graduación, se habría ensoberbecido; pero el orgullo era completamente ajeno a su naturaleza. Al ascender a subteniente, siguió siendo el mismo Iván Fiódorovich que había sido como alférez. Cuatro años más tarde de ese notable acontecimiento, cuando se aprestaba a trasladarse con su regimiento desde la región de Moguiliov a la de Velikorossia, recibió la siguiente carta:
Mi querido sobrino Iván Fiódorovich: