Sab
Sab —Los naturalistas —les dijo— os darÃan del fenómeno que estáis mirando una explicación menos divertida que la que os puede dar Sab, que frecuenta este camino y trata a todos los cubiteros. Él sin duda les habrá oÃdo relaciones muy curiosas respecto a la luz que tanto os ha llamado la atención.
Las niñas gritaron de alegrÃa regocijadas con la esperanza de oÃr un cuento maravilloso, y Enrique y Carlota colocaron sus caballos a los dos lados del de Sab para oÃrle mejor. El mulato volvió la cabeza hacia el carruaje de su amo y le dijo:
—Su merced no habrá olvidado a la vieja Martina, madre de uno de sus mayorales de Cubitas, que murió dejándola el legado de su mujer y tres hijos en extrema pobreza. La generosa compasión de su merced la socorrió entonces por mi mano, hace cuatro años, pues habiéndole informado de la miserable situación en que se encontraba esta pobre familia me dio una bolsa llena de plata con la que fue socorrida.
—Me acuerdo de la vieja Martina —respondió el caballero—, su difunto hijo era un excelente sujeto, ella si mal no me acuerdo tiene sus puntos de loca: ¿no pretende ser descendiente de la raza india y aparenta un aire ridÃculamente majestuoso?